20/03/2018

La importancia de ser feliz

En el Día Internacional de la Felicidad, queríamos recordar lo importante que es y cómo, en Biot Foundation, trabajamos para que los niños y niñas a los que llegamos puedan ser felices.

La felicidad representa un papel fundamental en la vida de las personas en todo el mundo. Es un término difícil de definir, pero cuando la sentimos sabemos que está ahí. Llegamos felicidad se llega a través del amor, por lo que ser felices, querer y sentirnos queridos es mucho más importante de lo que podamos pensar. En el momento en que uno es feliz, es cuando puede vivir en plenitud y crecer como persona.

A veces la gente nos pregunta si el proyecto que realizamos en la aldea es necesario. Puede parecer que los niños y niñas tienen todas las necesidades cubiertas: tienen una alimentación diaria, unas instalaciones donde poder vivir, unas personas que se hacen cargo de ellos y acceso a una educación. Sin caber a dudas, en algunos aspectos tienen una situación privilegiada respecto a otras personas del país. Pero, ¿es esto todo lo que un/a niño/a necesita para desarrollarse?

El desarrollo humano y personal de los infantes requiere un acompañamiento afectivo y emocional durante toda la etapa de crecimiento para que estos evolucionen favorablemente y construyan, de manera sólida, tanto su dimensión más intrínseca como la parte más social. A cualquier niño que no haya podido crecer como tal (jugando, con un referente, sintiéndose querido, etc.) le será más difícil descubrirse, relacionarse, superar adversidades… y, por tanto, desarrollarse. Los infantes que viven en la aldea, precisamente, tienen un pasado complicado, cada uno con su historia, que les ha impedido tener estas condiciones.

El objetivo del proyecto es ofrecer amor, afecto y herramientas para que sean capaces de vivir plenamente y de manera feliz, para que puedan contribuir al bienestar de quien les rodea. Nuestra visión pone especial énfasis en la interiorización de las actitudes y los hábitos de conducta haciendo florecer en todos ellos los valores y la adquisición de habilidades cognitivas, de autoconocimiento, de autocontrol, empatía y asertividad, adaptados siempre a sus procesos madurativos.

Aun así, estas experiencias tan duras que han vivido los hacen ser muy agradecidos y muy a menudo podemos ver como dibujan una sonrisa de felicidad en cosas tan sencillas como… ¡una galleta!

 

*Fotos: Carla Alcàntara y Aina Graupera (destacada).